2 y 2, es un empate

Bedworth United vs Beaconsfield SYCOBRecuerdo un viejo chiste malo que decía que “2 y 2” eran 0 (dos-í-dos= dos que se han ído), pero en ocasiones se juntan dos patitos y se convierten en 1. El punto que los jugadores del Beaconsfield SYCOB F.C. se llevaron a casa, tras empatar en el campo del Bedworth United F.C., los segundos de la tabla.

Ollie Jones

Aunque la web de BBC Weather anunciaba algo de lluvia, hubo hasta algún rayo de sol, pero de nada sirvió porque hacía un frío del carajo. Quien sí  calentó el ambiente fue el árbitro, Simon Gudger, pues para los aficionados locales estaba pitando a favor del equipo visitante y los nervios se iban tensando. Especialmente cuando en la segunda mitad del partido, Ollie Jones tuvo una actitud un poco violenta contra un jugador del equipo local y, pese a ello, siguió esbozando su sonrisa estilo “Mickey Rooney” hasta el final del partido.

Si hace un mes eran los “Blues” de North Greenford, esta vez eran los “Greens” que no destacaban demasiado en un campo “verde que te quiero verde” gracias a la superficie artificial. Teniendo como visitante a un equipo rojiblanco, debió ser un partido complicado para los daltónicos, pero quedando en empate no daba pie a equivocaciones.

Kofi Lockhart-Adams

Confesaré que esperaba la victoria de los Beaconsfield SYCOB F.C., no ya por jugar un amigo sino porque se lo merecieron y, en mi inculta opinión futbolera, dieron más juego y más bonito. Desgraciadamente, yendo por delante con un 1-2, los locales empataron aprovechando que los defensas andaban de siesta.

Cierto es que ambos equipos tuvieron algunas entradas más propias de karatecas o selección holandesa, por aquello de elevar las piernas casi a la cintura del contrario, pero al final la “herida de guerra” se la llevó Jordan Ajanlekoko por un desafortunado golpe en el ojo. Por mi parte, me quedo con el juego de Romaine Walker y su cresta rubia, Victor Osobu y su cambio de zapatillas (las naranjas son las de la suerte) y Jae Kim, que de no ser por su cara de ojos rasgados, debería llamarse “Speedy González” por las prisas que llevaba cuando pisó el campo, aunque para otros pierde demasiado tiempo regateando.

Yo me llevé una sorpresa al advertir la ausencia de Gary Meakin, el manager de los Beaconsfield SYCOB hasta hace unos días, y ver que en su lugar estaba Nas Bashir, el director de la FAB Academy y todo un señor. Las cosas como son:  trajeado, peinado y cuando soltó un taco a la inglesa a escasos tres metros de donde yo me encontraba, el hombre advirtió la presencia femenina y pidió disculpas por su lenguaje. Yo estaba con mi cámara de fotos en mano y más pendiente del partido que de sus instrucciones en una lengua que no es la mía, así que tampoco me habría enterado mucho de no ser por su disculpa. El pobre debió llegar afónico a casa, tan chiquitín y dando tantos gritos durante todo el partido. No descansó un segundo, dando instrucciones a todos sus jugadores con una voz que pedía a gritos hidratar la garganta. Una pena que no le saqué ninguna foto, sólo al enfadado entrenador del otro equipo.

 

Eso sí, no puedo olvidarme de dos personajes del Bedworth United. Empiezo por el temido “hot chocolate” inglés que, viendo que iba a ser similar al de North Greenford, rápido pregunté si era con leche o agua (aunque ya llevaba medio vaso de agua caliente). La mujer me responde que agua y le digo que ya es suficiente, no más agua. Me pregunta que si quiero que le ponga un poco de leche fría y cuando le respondo que no, decide terminar de rellenarlo con agua. ¿Qué parte de “no más agua” no entendió? Creo que la segunda vez le quedó “cristalino” porque alcé el tono de voz, por si acaso era un problema de sordera, y lo entendió “alto y claro”, como el estado final del líquido: alto y claro.

 

 Lamentablemente, el “hot chocolate” de 1 libra no sirvió para entrar en calor y opté por un plato de patatas fritas. Estaba yo tan tranquila comiendo mis patatas cuando llega un barrigudo de pelo blanco y me suelta “You’ll get fat”, señalando el plato de patatas. Cosas de la temperatura, yo vestía una camiseta, una sudadera, una camisa de franela y, por último, un chaleco de fotógrafo; tal vez las anchuras provocadas por tantas prendas le hicieron creer que mi cuerpo era parecido al suyo, así que le aclaré que no había ningún problema, que podía comerlas sin engordar porque iba todos los días, 2 horas, al gimnasio. En cualquier caso, mis cuatro capas de ropa no superaban su barriga cervecera.

patatas fritas

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